
La experiencia propia es fundamental para valorar y entender cualquier disciplina. Más aún en el yoga, pues por mucho que te cuenten si no practicas, tu concepto será sólo eso, una idea o una sensación externa.
Dicen que el Kundalini Yoga no te deja indiferente: o te engancha o te genera rechazo. Sin embargo, también he conocido personas que a pesar de no disfrutar de las primeras clases, a medida que percibían los efectos, decidieron continuar, profundizar y reconocieron su valor.
En mi caso hubo una conexión automática. En la primera clase sentí que el Kundalini era precisamente lo que llevaba años buscando. Había probado Hatha Yoga en múltiples lugares y, aunque quería insistentemente que me gustara, no terminaba de encontrarle el punto. Sinceramente, me aburría. Me faltaba algo.
En Kundalini Yoga no sólo se trabaja la parte física con las asanas, sino que existen otros pilares que lo convierten en una práctica completa.
En una sesión se trabaja con:
- Asanas (posturas dinámicas o estáticas)
- Pranayamas (técnicas de control de la respiración)
- Mantras (cantos o recitaciones)
- Bandhas (contracciones musculares que implican cierres energéticos en el cuerpo)
- Mudras (posiciones de los dedos o manos)
- Dhristi (dirección de la mirada).
Cuando trabajas con todos estos elementos en conjunto, siguiendo las técnicas explicadas por Yogi Bhajan, puedes percibir cómo cambia tu energía, tu estado de ánimo e incluso tu fisiología en tan solo 3 minutos. Esa es la verdadera magia del Kundalini Yoga.
Es normal que en las primeras clases te sientas extraña/o al no conocer los mantras, las respiraciones o las posturas, pero sólo has de abrirte a tener la experiencia y confiar, pues te puedo asegurar que vale la alegría 🙂
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